
El cohousing y el coliving son dos modelos de vivienda colaborativa que, aunque comparten ciertas similitudes, presentan diferencias fundamentales en su estructura y funcionamiento. Miguel Ángel Sánchez, gerente de la Cámara de la Propiedad Urbana de León, ha visitado Manos Arriba para aclarar en qué se distinguen y cómo han evolucionado estas alternativas residenciales en España.
El coliving se basa en compartir espacios dentro de un mismo edificio que, además de ofrecer habitaciones privadas, dispone de zonas comunes adaptadas como cocinas, salas de ocio y otros servicios. Este modelo incluye prestaciones como lavandería, limpieza y catering, entre otras, en una cuota mensual que puede oscilar entre los 680 y los 1.000 euros, dependiendo de los servicios adicionales contratados. Un elemento clave en el coliving es la figura del “facilitador”, una persona encargada de fomentar la convivencia entre los residentes, organizar eventos y garantizar el buen funcionamiento del espacio.
Por otro lado, el cohousing se centra en la comunidad de personas más que en la vivienda en sí. En este modelo, los residentes toman todas las decisiones de forma democrática, desde el diseño del espacio hasta la gestión de servicios y actividades. Se trata de una opción que promueve la autogestión y la vida en comunidad, compartiendo instalaciones como cocinas o zonas de descanso, pero manteniendo la independencia de cada vivienda privada.
Ambos modelos han ganado popularidad en los últimos años como alternativas flexibles y colaborativas a la vivienda tradicional. Mientras que el coliving se orienta más a jóvenes profesionales o nómadas digitales que buscan comodidad y servicios incluidos, el cohousing está pensado para personas que desean construir una comunidad basada en la cooperación y la toma de decisiones conjunta.