
La Asociación Soriana de Confitería, Pastelería, Bollería y Repostería (ASEC) organiza, del 7 al 9 de marzo, una nueva edición de los Días de la Costrada de Soria, un evento que rinde homenaje a este icónico postre soriano. Durante tres días, la costrada será la protagonista en los obradores y en las mesas de postres de toda la provincia. La previsión de los organizadores es superar las 10.000 raciones vendidas en anteriores ediciones. La promoción de la costrada de Soria no solo beneficia a la pastelería local, sino que refuerza la identidad gastronómica de la provincia, fomenta el turismo y dinamiza la economía. Los Días de la Costrada de Soria contribuyen a conservar el legado culinario soriano y a proyectarlo a un público más amplio.
En esta sexta edición, la oferta de costradas se amplía con nuevas creaciones que reflejan la creatividad de los pasteleros locales. Además de las variedades clásicas de nata y crema, se podrá disfrutar de innovadoras versiones que combinan sabores sorprendentes, como la costrada de mousse de caramelo y nueces con toque cítrico o la de piña colada. Asimismo, la organización ha reforzado la promoción del evento con descuentos y obsequios para quienes adquieran una costrada; en esta edición el público podrá votar a su costrada favorita a través del Instagram @comerciosoria, participando en el sorteo de vales de raciones de costrada. Las pastelerías participantes son Confitería Almarza (Almazán), El Abuelo José Luis (Arcos de Jalón), Confitería El Torero (Berlanga de Duero), Pastelería Moraga (El Burgo de Osma), y Dulces Duero y Mantequerías York, ambas en la capital.
La costrada de Soria es un postre tradicional compuesto por capas de milhoja de hojaldre con relleno de nata y crema. Su origen es incierto, y aunque algunos lo sitúan en la mitad del siglo XX, cuando la desaparecida Mantequerías Ruiz la popularizó, existen referencias escritas anteriores, como las recogidas en dos periódicos sorianos, ‘Avisador Numantino’ y ‘Noticiero de Soria’, cuando la citaban en el año 1928 formando parte del menú de una boda. Desde entonces, se ha convertido en un símbolo de la repostería soriana y en un imprescindible en las celebraciones familiares.